20.5.08

19.2.08

Discriminado por ser hombre ¿Podemos estar peor?


Encontré este post en http://radiocristiandad.wordpress.com/2008/01/24/discriminado-de-american-idol-por-decir-que-queria-ser-virgen-hasta-el-matrimonio/ y me pareció interesante poder compartirlo con ustedes. Ejemplo digno de imitar.

Durante las audiciones de este año en Dallas para el popular concurso de talento American Idol, los jueces discriminaron al joven de 19 años, Bruce Dickson, por manifestar abiertamente su opción por la abstinencia hasta el matrimonio y su deseo de “guardar todo para esa mujer especial. El día de mi boda tendré mi primer beso”; lo que le valió ser descartado en el programa televisivo.

Según informa Cybercast News Service (CNS), uno de los jueces de American Idol, Randy Jackson le dijo que se vaya “a besar a algunas chicas”, mientras que Simon Cowell, conocido por su ácida conducta, le dijo algo similar mientras que Ryan Seacrest comentó al final del segmento que “tal vez el próximo año no venga tan niño sino más hombre”.

Por su parte y en entrevista con CNS, Dickson afirmó que “un hombre de verdad esperaría en vez de hacer lo que sea con quien sea”. Dijo también que se mantiene firme en su opción por no tener relaciones hasta cuando se case, pese a las bromas que las que es objeto. “Respeto a las mujeres y no creo que sean un objeto sexual… ¿y por eso soy raro?”, cuestionó el joven.

Sobre la abstinencia, Bruce cuenta que “no ha sido algo a lo que nos hayan forzado (mis padres). Es algo sobre lo que nos han enseñado su importancia”.

En la emisión del miércoles pasado de American Idol, Dickson mostró la llave que lleva en una cadena sobre el cuello, y mostraron también a su papá, quien tenía el corazón que se abre con esa llave. Todos los 5 hijos de la familia usan lo mismo y el padre de Bruce ya ha entregado uno de los corazones al esposo de su hija Michelle.

“Creo que soy un chico normal”, dijo luego Bruce a CNS. La abstinencia “es una cosa importante para mí, y sé que no puedo manejarlo solo, por eso le he pedido a mi papá que me ayude”, añadió.

Pese a todo, Bruce no ha tirado la toalla. Todavía prepara un demo en un estudio y espera presentarse nuevamente en una audición en American Idol el próximo año.

13.11.07

Bienestar no es igual a bendición

Bienestar no es igual a bendicion

La paz sea contigo.

A veces caemos en la tentación de creer que cualquier obra progresa en la medida en que alcanza más logros —materiales o de cualquier índole humana— y nos engañamos pensando que Dios nos bendice en la medida en que aumenta nuestro bienestar. Así, pensando en esto, acabé encontrando el sitio web de un pastor evangélico muy reconocido; en el narraban las experiencias de un evento llamado “Noche de Gloria”: milagros, curaciones y liberaciones. Al inició estaba escéptico, luego asombrado para luego terminar entristecido. Miles de personas en aquel estadio buscando un Dios “farmacia”. Todos van en busca de su propio bienestar y si se acercan a Dios es pidiendo su ayuda para salir de tal o cual problema. Casi nadie se acerca a Dios para rendirle culto, para darle la gloria que se merece o, en otras palabras, para reconocerle como Dios y creador. Casi Nadie. Y si se la da es para que acto seguido le pida algo en cambio. Todo esto se transforma en un gran negocio egoísta donde Dios se reduce a un vendedor de balcón que debe atendernos bien o “nos borramos” —nos vamos.

Pero la gracia no se puede medir por el bienestar material que tengamos, pues de ser así, Jesucristo hubiera sido el más desdichado de todos. Nació en un establo entre animales, vivió pobre y, aún siendo el Rey del Universo, trabajó como carpintero para ganarse el pan de cada día; cuando inició su ministerio público muchos no le comprendieron, le acusaron de actuar con el poder del demonio y de influir negativamente en el pueblo, finalmente terminó siendo asesinado de la peor y más humillante forma conocida entonces. Y pensar que en su bautismo Dios Padre dijo de Él que era “su hijo amado, el predilecto” (Mt 3,17). No creo que se haya equivocado.

La gracia de Dios se mide por la unión con Él. El más bendecido, el más prospero, el más amado, el más feliz… es el amigo de Dios, aunque sea un indigente colector de latitas. La unión con su creador hace al hombre realmente digno y pleno. En vano se afana en buscar fama y honor si al fin y al postre —como decía mi madre— no está unido a Dios. Soy mejor y más feliz, soy más humano y más hijo de Dios si estoy unido a Él. “Sin mí nada pueden”(Jn 15,5) dice el Señor. Puedo tener mil problemas, mil contrariedades, pero si estoy unido a Dios nada podrá socavar las fortalezas de mi vida, pues si Dios es “la fortaleza de mi vida, ¿de quién he de atemorizarme?”(Sal 27,1).

Dios te bendice aún en las adversidades. Te bendice y te cuida aunque todo se venga abajo. No porque las cosas se pusieron muy difíciles significa que Dios te haya abandonado. Al contrario, es ahí cuando más cerca de ti está. Creemos que le encontramos en la paz de una acogedora capilla pero desperdiciamos la oportunidad de encontrarle también en el fragor de la batalla, en las lágrimas de una decepción, en el arrepentimiento de algún error, en las cenizas de un fracaso o en la paciencia con los defectos ajenos. Recuerda que nuestra salvación ha nacido del mayor mal moral de la historia: la muerte del Hijo de Dios y quizá la mayor gracia de tu vida puedas encontrarla en el peor sufrimiento que puedas experimentar.

En todo lo anterior, no cuenta nada más que la unión con Dios. Sufrimiento lejos de Dios es sufrimiento en vano, pero un sufrimiento que se vive con Dios es sufrimiento redentor, sufrimiento verdaderamente liberador. Si alguna vez quisiste liberarte o sanarte de algo, posiblemente ese sufrimiento del que siempre huiste sea el remedio que necesitas. ¿Ya pensaste? Porque lo que vale no es la prosperidad de la paz, sino la unión con Dios.

Que Dios te bendiga.

15.10.07

Para librarse de la cruz, hay que dejarse crucificar.


La paz sea contigo.


¿Quién alguna vez no indicó que tal o cual persona, tal o cual situación era "su cruz"? ¡Esto es mi cruz!... ¡Aquel es mi cruz!... ¡Que cruz tan pesada!... quien más quien menos ya se expresó alguna vez así. Jesús, por su parte, nos ha indicado claramente el requisito del buen discípulo: cargar con la cruz de cada día y seguirle (cf. Lc 9,23); de lo contrario, no vamos a pasar de ser simples simpatizantes o admiradores de Jesús, pero nunca discípulos.


Esta cruz de cada día es lo difícil. Muchas veces, ante las innumerables dificultades de la vida comunitaria y de la misión, he dicho a Dios que mejor hubiera sido que se desate una feroz persecución contra los cristianos y que de un momento para el otro fuéramos martirizados por la fe. Pero, como era de esperarse de alguien con sano juicio, acabé por retractarme de mi súplica. No puedo quejarme de lo que Dios me da, ni siquiera de los sufrimientos que el permite, pues "en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman" (Rom 8,28).


Si no nos dejamos crucificar, si intentamos escaparnos de la cruz, acaso saldrá a nuestro encuentro otra cruz, y mas grande posiblemente. Si rechazamos la cruz, que no nos quepa duda que otra saldrá a nuestro encuentro y acaso más pesada (cf. Imitación de Cristo, Libro II: 12, 23-24).


¡Pobres de aquellos que no aprendan a llevar la cruz! ¡Cuánto sufrimiento todavía les espera! Probablemente nunca puedan ver la resurrección, porque no hay mañana de resurrección sin monte Calvario. ¡Cuantos son aquellos que quieren compartir con Cristo la mesa de su gloria, pero que pocos quieren compartir su cáliz de amargura!


Entonces, si me quiero librar de cruces tan pesadas debo dejarme crucificar. Nuestras cruces estarán allí hasta que hayan cumplido su misión: darnos crucifixión; es que Dios sabe cuan necesario es, para que seamos felices, extirpar de nuestras vidas cuanto queda de orgullo y soberbia, de vanidad y sensualidad, de lujuria y necedad. Y toda esta operación de limpieza no es posible sino solo a través de este sufrimiento diario aceptado con amor y valentía.


Muchos buscan en la Iglesia el último consuelo de los afligidos, y ciertamente lo hallarán. Pero casi todos olvidan que este consuelo no puede estar exento de dolor y sufrimiento. No porque Dios sea un sádico que goce con nuestro dolor, sino porque el problema somos nosotros. Somos como niños que al ser privados de algo que les gusta, aunque esto les sea nocivo, lloran desconsoladamente. Lo doloroso no es la prueba en si, sino el dolor que nos cuesta despojarnos de nosotros mismos y el dolor de desprendernos de nuestros vicios y apetitos. Cuan doloroso y sufrido es para un químico dependiente dejar su adicción a las drogas; cuan doloroso es para el joven lujurioso dejar sus vicios carnales; cuan doloroso es para nosotros dejar nuestra soberbia cuando se nos corrige y orienta.


Por el contrario, que felices hubiéramos sido si aceptáramos la cruz de las pruebas cada vez que se nos presentan. Las quejas no son el mejor camino; ni siquiera camino son. Ante las adversidades, silencio. Ante las contrariedades, atención. Dios siempre quiere enseñarnos algo cuando tenemos pruebas en nuestras vidas. Por eso, es conveniente que ya no dejemos pasar las oportunidades de aprender algo nuevo, de corregirnos en algo o de superar algún vicio cada vez que tengamos cruces. Solía decir siempre a algún misionero en la orientación espiritual: Si no aprendes lo que tienes que aprender en este momento de sufrimiento y dejas que pase sin más, no vas a aprobar la materia y se te acumulará. Si no eres capaz de corregirte ahora, esto se convertirá para ti en una materia pendiente; si hoy Dios envía y permite esta probación, hoy es el día para aprender lo que tengas que aprender. Si lo dejas para otro día, pues… será como repetir de grado: nunca llegarás a comprender las cosas más altas, nunca llegarás a comprender ni amar a Dios.


Que Dios te bendiga.


12.9.07

He vencido al mundo.

¿Para qué tanto esfuerzo si después todo se hecha a perder? ¿Para qué tanto trabajo por la salvación de las almas si luego ellas por sí misas nuevamente corren tras las llamas de la perdición sin siquiera reflexionar en sus actos? ¿Por qué “partirse en dos” para trabajar por tantos que probablemente nunca lo agradecerán o nunca más lo considerarán cuando volvamos a encontrarnos con ellos? ¿No bastaría hacer solamente lo mínimo si, total, este mundo y esta sociedad no quieren saber nada de la verdad de Dios y no están ni un poco interesadas en ello? El mundo va de cabeza al abismo; y no porque alguien lo haya empujado a la fuerza, sino por su propia voluntad. En las noticias vemos como en todo el planeta cristianos son perseguidos, el aborto insiste en ser legalizado, la eutanasia ya se considera menú del día, las drogas, el sexo desordenado y la violencia aparecen como parte integral de una gran maquinaria que no hace otra cosa que triturar la dignidad del ser humano, transformándolo en una engranaje más de este aparato corrompido. El hombre no pasa de ser un “animal” – a veces – racional. En este contexto, tanto esfuerzo de los cristianos parece resultar en nada y las cosas aparentemente empeoran a cada día…

Queridos hermanos:

¿Muy pesimista no? Y sin embargo no estamos lejos de todo esto. Todos estamos de acuerdo en las preguntas y enunciados que coloque antes. Sin embargo, Jesús nos dice: “En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo.” (Jn 16,33). He aquí nuestra esperanza y confianza. He aquí la esperanza de tantos que luchan sin cesar por un mundo mejor, que son capaces de renuncias heroicas en pos de estos ideales.

Un mundo mejor no es una utopía, sino la esperanza de todo cristiano. Pero este mundo mejor sabemos que no lo vamos a disfrutar en esta vida, sino en la otra, con Dios. Lo que hagamos ahora es la preparación para esa vida eterna en la presencia del Padre, en la patria celestial. Aquí, en esta vida, caminamos en tribulación y esperanza: un binomio inseparable que conforma el vivir cristiano inmerso en un mundo lleno de dolor y pecado. Este mundo Dios lo transformará al final en aquello que el había querido desde el principio. Entonces, al final de todo, se restaurará el universo, y este mundo, tan lejos de Dios, se someterá enteramente a Él. Con los ojos fijos en esta esperanza futura el discípulo de Cristo es capaz de todo para que a esta patria muchos puedan llegar. No se conforma con llegar él solo. No. Quiere llevar a muchos, a multitudes, a naciones entera, pues todos caben en su corazón, ensanchado por la gracia y el mismo amor de Dios. No se contenta con pocos, con un grupo, un movimiento o una comunidad. Su mente esta en la salvación de todos y a esto apunta su corazón. Su alma no descansa hasta que vea a sus hermanos unidos también al mismo madero, el de la Cruz gloriosa de Cristo, y aunque todo aquello que dijimos al comienzo fuera cierto – y lo es – el no desfallece, porque no está solo, el Señor del universo corre a su lado.

Me imagino a cada cristiano ardiente y fervoroso por la salvación de las almas como a un soldado que corre por el campo de batalla, en medio de estallidos de bombas y el peligro de la muerte, recogiendo a sus compañeros heridos y cargándolos en sus hombros. Así vive el hijo de Dios conciente de su misión de cristiano: salvando heridos: heridos por el pecado, la miseria y el dolor, heridos por la desesperanza y las tentaciones, heridos por la soledad. Heridos por un mundo que a sus hijos los devora sin compasión. El discípulo los busca a estos hombres y mujeres para salvarles de la muerte – eterna – y curar sus heridas sin importar los peligros para su propia vida.

Jamás he visto a un verdadero cristiano tener miedo a lo que le pueda suceder. ¿Por qué? Porque confía en las promesas de su Señor, que nunca miente y que es siempre fiel. Por eso entrega su vida también como su Señor.

23.8.07


Estoy cansado...es una frase muy común en mi léxico personal. Trabajo que no termina más y tareas nuevas cada día son la constante. Pero mi alma no descansa porque se alimenta y vive en aquel que "sigue trabajando": sigue trabajando porque es necesario rescatar y salvar, es necesario buscar y encontrar. Y la tarea aún no ha concluido, porque hay, como siempre hubo y habrá hasta el final, hombres y mujeres que necesitan y precisen de alguien que les salve y les tienda la mano....

7.8.07

Hablaré del amor hasta que lo entiendan!


El amor ha sido la única señal que Jesús deseo que sus discípulos llevaran al pecho. No pidió que nadie llevara la cruz, ni un rosario al cuello, ni alguna marca externa y superficial, sino solo el amor: “En esto reconocerán que sois mis discípulos, en que os amáis unos a los otros”. Sin embargo, muchos cristianos aún no han comprendido este mensaje y, en realidad, no le creen a Jesús; es que si le creyeran ya lo hubieran hecho, o al menos intentado. No que quiera cuestionar el hecho de los signos exteriores pues yo mismo llevo uno, sino el de ver el verdadero sentido de las cosas.

Sin embargo, la base de todo el problema no esta tanto en el hecho de amar o no amar, sino en qué entendemos por amor y cómo lo expresamos. El sabio Aristóteles, al hablar del amor, hace ya 25 siglos, lo definía diciendo que es el “Querer el bien del otro en cuanto otro”; y en esto esta una gran verdad. Vamos a descomponer esta frase en tres partes para lograr observar por lo menos escuetamente las tres notas esenciales de este amor.

Querer

La nota característica e inicial del amor esta en el que esta constituida de voluntad. Esta voluntad es lo que nos hace diferentes de los animales. Por la voluntad, la diferencia entre el hombre y el animal es “infinitamente infinita” (Pascal) y no hay modo de conciliar. El animal cuando quiere algo lo quiere porque desea y siente el instinto y no lo puede contener, porque su ser animal lo impulsa a alcanzarlo, aunque sea a costas del perjuicio de otro o del suyo propio. Si tiene hambre saltará indefectiblemente por la mano de su dueño aunque la descuartice. Pero el hombre esta en otro nivel. Es capaz de contener sus deseos, instintos y pasiones cuando estos no pueden ser para bien de otro o de sí mismo. Puede hacer algo bueno aunque esto no le apetezca ni le atraiga o inclusive le repugne. Por el contrario, es capaz de dejar de hacer algo que le agrada y apasiona si esto puede no ser para bien ajeno. Frases como “no puedo dejar de quererle”, “no le soporto” o “no le puedo perdonar” son expresión clarísima de una vida esclavizada bajo el imperio de los sentimientos.

El hombre, por esta capacidad única, debe dominar sus instintos, pasiones y sentimientos y no al revés, como suele suceder. Con la excusa de “libertad” nos hacemos esclavos de las pasiones. Por e contrario, por la voluntad es capaz el hombre de dominar sus sentimientos y canalizar sus fuerzas hacia el verdadero amor que nace de la voluntad de amar. Por otro lado, no se debe caer en el error de pensar que los sentimientos no sirvan; ellos hacen parte del amor, pero no tienen que nacer de pasiones irracionales e incontrolables, sino de la voluntad de amar. Solo así se explica el perdón concedido por Jesús a sus verdugos en el patíbulo de la cruz: “Padre, perdónalos por que no saben lo que hacen”. Este es el amor. Solo un amor así es capaz de amar. Solo un amor así es capaz de amar al prójimo aunque en nuestra lógica esto sea ilógico.

Es necesario “querer”. Para esto es necesario “querer querer”. A su vez, para ello es necesario “querer querer querer…”. Y así sumariamos indefinidamente hasta alcanzar nuestro objetivo. Sin voluntad, el amor nunca se realizará, y nunca dejará de ser un jueguito de niños que terminará cuando ya nadie tenga ganas de seguir jugando.

Querer el bien

La segunda nota es el deseo del bien para el otro. El que ama busca el bien del otro y no el suyo propio. Busca que el otro sea feliz, que no tiene nada que ver con alegría o risitas desmedidas. Esta felicidad es la que se logra alcanzar en la realización del ser. Uno es feliz cuando es lo que es. Entonces el amor busca la realización del amado, logrando que el amado llegue a ser lo que debe ser y nada más, aunque uno mismo se vea abatido o golpeado. Aquí también vemos la realización de este ideal en el mismo Jesucristo que da la vida por el bien de sus discípulos y, aunque luego recobra esta vida, pero ya glorificada, no duda en renunciar primero a ella para el bien de aquellos a quienes ama: “No hay amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos”.

Aquí es importante recalcar que el bien que se busca debe ser un bien real y objetivo. Unos padres que bajo la excusa del bien de sus hijos les conceden todo solo para que no se entristezcan, no es amor verdadero. Es un amor de concesiones si sentido. El amor a veces pasa por el dolor y la renuncia. No todo lo agradable es un bien. La cruz no era agradable, sin embargo “Dios no guardo a su propio Hijo por nosotros”.

Querer el bien del otro en cuanto otro: La expresión “en cuanto otro” da el sentido a la idea: se ama al otro no por lo que me pueda dar, sino por lo que es, pura y simplemente. Y ¿quién es el otro sino mi prójimo? ¿Quién es el otro sino hijo de Dios? ¿Quién es el otro sino objeto del amor infinito de Dios? ¿Quién soy yo para cambiar los conceptos de Dios? Se ama al otro por lo que es esencialmente, no superficialmente. En su esencia, hasta el peor asesino es un ser humano, objeto del amor de Dios, aunque sus pecados le condenen al infierno. Es necesario amar no por las cualidad y menos solo cuando hay cualidades, sino siempre. Y se ama al otro porque es digno de eso. Y si Dios lo ve digno de su amor ¿qué me creo yo para ser más severo que el mismo Dios?

Este tema es más extenso que unas pocas líneas. Esta cuestión del amor en la CMJ siempre se sintetizó en un pensamiento que recorre todo nuestro trabajo: El amor no es un sentimiento, sino la decisión de amar. Hay que hacer lo que tiene que ser hecho: amar. Sin este principio tengo la certeza que nunca estaríamos donde estamos ni haríamos lo que hacemos, porque no es fácil tener que renunciar al calor del hogar o de una familia para poder hablar a un mundo que no siempre escucha; y es que se ama a los hombres no por lo que hacen, sino por lo que son y porque necesitan ellos del bien de la salvación. Pero este concepto no es solo para los misioneros, sino que es necesario enseñar a otros y decirles que mientras vivan en el amor superficial es muy probable que sigan viviendo en la mentira y vaciedad de ese mismo amor. Solo el verdadero amor puede llenar nuestras vidas; el verdadero amor a la manera de Jesucristo.

Bendiciones.